MARX
Resumen del capítulo XII “El materialismo histórico de Marx”
Marx estaba convencido de que la filosofía de Hegel era la
más adecuada, la perfecta. Cuando Marx habla de la realidad se refiere a la
situación histórico- social lo hace desde una estructura dialéctica. Hegel
había sostenido que con su sistema se llegaría la conciliación de todas las
oposiciones. Es decir, que poco a poco se alcanzaría la plena realización de
las capacidades del hombre. El proceso dialéctico según Hegel ha llegado a su
cumplimiento final (vollendung). Queda anclado el status quo. Para Marx la
dialéctica no puede detenerse, sino que debe ser revolucionaria.
Marx defendió que las contradicciones no han quedado
reconciliadas. La razón no coincide con el orden social y político existente.
El hecho irracional, la contradicción que el sistema hegeliano dejaría
subsistir es el proletariado. La presencia de este grupo contradice la realidad
de la razón.
El proletariado es una clase desposeída, mientras que Hegel
había sostenido que la propiedad es la manifestación de la persona libre. Hegel
afirmó que el hombre lo es gracias el espíritu (mediante el ejercicio de
actividades espirituales como el arte, la filosofía… es donde la persona
encontraría la realización de la vida humana). El proletariado está separado de
esta esencia. Sus condiciones no le permiten ocuparse de lo espiritual. Está
sujeto a cubrir sus necesidades animales. Para Marx las reconciliaciones del
sistema hegeliano no se han logrado en la realidad. La praxis debe ser
revolucionaria por ello no importa filosofar, sino ir un paso más adelante para
modificar el mundo. Niega la filosofía como teoría pura y pretende reemplazarla
por la práctica.
Marx difiere de la filosofía anterior que contempla al
hombre como una autoconciencia. Para él, el hombre está intrínsecamente ligado
a la sociedad, al Estado. No es el ego, sino que es humanidad. Es en las
relaciones que establece con su exterior donde se encuentra a sí mismo. La
sociedad y la naturaleza son esas relaciones. No son algo dado, sino que se
presentan como fruto de las realizaciones del hombre. Son por ello
históricamente cambiantes. El individuo es el ente que se autoproduce. Este
acto autogenerador se lleva a cabo mediante el trabajo. La esencia del ser
humano no es la razón teórica, sino su praxis. En la Fenomenología del Espíritu
Hegel solamente había tenido en cuenta la faceta espiritual del trabajo. Para
Marx es una praxis histórico – social. A través de este camino el ser humano se
realiza y consigue el desarrollo completo de sus posibilidades, satisfacción y
felicidad.
El trabajo saca al hombre de sí mismo, lo exterioriza. Este
trabajo está intervenido por la conciencia. La persona antepone la idea y
después la realiza. El hombre se contempla en el mundo creado por él. Este
proceso de autoproducción es un proceso dialéctico. La sociedad es la plena
unidad del hombre con la naturaleza.
En el trabajo el ser humano lo es porque allí se afirma o se
acredita en su esencia: el trabajo. Lo propio del individuo reside en su
referencia a lo universal. Está referido a la naturaleza en su totalidad, su
pensamiento capta los universales (conceptos). Su trabajo es consciente y
social. Decir que la persona es un ser genérico significa que es solidario con
la totalidad del género humano. Su acción es consciente y social. El animal
vive encerrado en su particularidad, en su medio, no produce universalmente. La
persona no se deja arrastrar por los impulsos y las necesidades orgánicas, sino
que es capaz de mediatizarlos. Entre el impulso y la producción interpone la
idea o representación, el fin que quiere realizar.
El trabajo verdadero que es conforme a su esencial es que
realiza al liberarse de la necesidad orgánica. Es el trabajo libre. Por lo
tanto, es irreductible a una mera actividad económica. Si el trabajo se rebaja
a ser un medio para la vida, la esencia se invierte y el hombre se aliena.
Para Marx el hombre se encuentra alienado, es decir, fuerza
de sí mismo: ajeno a sí. Vive desconocido de su propia esencia. Sin embargo, el
individuo es en sus funciones animales cuando se siente libre. El trabajo se le
ofrece al como forzado por sus necesidades biológicas. En lugar de constituir
una finalidad, el trabajo queda relegado a la categoría de simple medio para
satisfacer necesidades puramente animales.
1)
El hombre es enajenado de su propia actividad.
Se experimenta como un sufrimiento.
2)
El hombre resulta enajenado de respecto del
producto, ya que no le pertenece a él. El dueño es el capitalista.
3)
El trabajador está alienado porque no puede
elegir su labor.
Para Marx la simple existencia de las clases sociales
contradice la libertad. En palabras de Marx “la clase se sustantiva, a su vez,
frente a los individuos que la forman, de tal modo que éstos se encuentran ya
con sus condiciones de vida predeterminadas, por así decirlo (…) la clase les
asigna su posición en la vida y con ello la trayectoria de su desarrollo
personal”.
Las relaciones entre personas se convierten en relaciones
inhumanas, entre objetos. El hombre se transforma en mercancía. Se trata de un
proceso de cosificación. Es concebido como un medio para alcanzar un fin, es
decir, equivale a una herramienta.
De aquí parte también la alienación política. Una escisión entre
la vida pública y la del ciudadano. La vida del individuo pierde valor. El
Estado no concilia la vida privada con la de los intereses generales. Perpetua
la contradicción. El Estado expresa el dominio de una determinada clase sobre las
demás.
Se produce una alienación religiosa. La humanidad se siente
limitada y finita por lo que proyecta sus anhelos en un ente superior (Dios).
Para Marx la religión es la autoconciencia del hombre que aún no se ha
encontrado a sí mismo. El Estado y la sociedad son un mundo invertido porque
están invertidas las verdaderas relaciones entre el hombre y su esencia. La
religión considera este mundo una ilusión. Presenta un consuelo al individuo
que imagina un mundo ilusorio más allá. Para Marx “la religión es el suspiro de
la criatura abrumada (…) el opio del pueblo”. El hombre proyecta su fantasía en
un trasmundo. De este modo, la religión opera como un analgésico.
Por último, se produce una alienación religiosa. Es preciso
lograr una síntesis de idealismo y materialismo, y considerar al sujeto no sólo
como actividad teorética, sino también práctica que se supone objetiva.
MATERIALISMO HISTÓRICO
Para Marx el sujeto de la historia es el hombre concreto en
su mundo social y económico, el conjunto de las relaciones sociales. Define la historia
universal como “la producción del hombre por el trabajo humano”. Según Hegel la
Idea domina la historia y su dialéctica, para Marx se debe leer la historia por
sí misma (no en función de lo que la podría trascender). Para Hegel la historia
era un proceso dialéctico; pero la consideró como la dialéctica de las ideas.
Marx invierte el enfoque hegeliano.
Lo ideal para Marx es lo material traducido. La dialéctica
en Hegel sufre una mistificación. No se deben separar las ideas de los
fundamentos socio – económicos. Hegel olvida lo material del régimen de las
relaciones de producción. Para oponerse al “idealismo”, Marx propone el “materialismo
histórico”. No porque el individuo es materia, sino porque no es primariamente conciencia.
El individuo es un ente práctico social en viva relación con sus congéneres y
con la naturaleza. Es la realidad material la que sucede antes de la moral, la
religión y la metafísica. Las condiciones materiales influyen y condicionan
estos supuestos. No es la conciencia la que determina la vida. Es la vida
material la que determina la conciencia.
La dialéctica entre el hombre y su mundo está en continua
transformación. La dialéctica es la marcha de la historia. Su fuerza motriz la
constituyen las contradicciones. Estas impulsan el desarrollo: la burguesía
dentro del mundo feudal, el proletariado en la sociedad burguesa…
Las relaciones de producción: son el conjunto de
técnicas de que en cada caso se dispone y la manera en cómo se adquieren y
distribuyen los productos. Son las condiciones fundamentales.
Tales relaciones constituyen el suelo del que
dependen todas las demás formas de vida humana, la superestructura (überbau).
No es el derecho y la política lo que condiciona el modo de
ser de una sociedad, sino que son las situaciones económicas las que generan
ciertas fórmulas jurídicas y políticas (como estructuras secundarias) que se
apoyan sobre las condiciones fundamentales (las relaciones de producción). Marx
las llama “superestructuras”.
Superestructuras: todos los órganos e instituciones que,
con ciertas ideologías y políticas, marcan las ideas que sigue una sociedad. Son
el derecho y la política.
La historia se mueve por contradicciones. Cuando se produce
una de esas conmociones “revoluciones” se produce la dinámica de la historia
misma. Por ejemplo, la Revolución Francesa.
Los modos de producción: representan en su época un
momento necesario y justificado. Cada etapa se justifica a sí misma. Ninguna
forma puede ceder el paso a la siguiente hasta haber agotado sus propias
posibilidades. Ninguna formación social desaparece hasta que se desarrollan todas
las fuerzas productivas que caben dentro de ella.
Las nuevas relaciones de producción aparecen cuando las
condiciones materiales para su existencia han madurado en el seno de la sociedad
antigua.
Dentro de cada momento histórico está la semilla de su
propia negación, que germinará en el instante oportuno. Tal oposición se
manifiesta en la lucha de clases.
EL MUNDO BURGUÉS: para Marx representa la última forma
antagónica. En el momento en el que se supere esta forma burguesa, se habrán
superado todas las escisiones alcanzando la sociedad perfecta. Este modelo
burgués dejará paso a una nueva estructura de relaciones de producción: EL
COMUNISMO.
Comunismo: es el movimiento que anula y supera del estado
actual. Esta nueva forma implica la desaparición de las clases. El hombre habrá
superado su alienación. Podrá cumplir su esencia. Para Marx toda sociedad anterior
será considerada la “prehistoria” de la humanidad.
El proletariado: es la clase que niega todas las
clases. El interés del proletariado es universal. Su única preocupación es la
abolición del modo vigente de trabajo. La revolución comunista no podrá dejar a
ninguna clase en estado de servidumbre.
Para Hegel el telos es la autoconciencia de la Idea en la
filosofía, en Marx el conocimiento es del hombre como autoproducción de sí
mismo que se logrará con el pleno advenimiento de la sociedad sin clases.

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